

La limusina está esperando frente al hotel. Su chofer le toma el equipaje en el vestíbulo. Él tiene un paraguas a mano y le sigue hasta la gran limusina. Le abre la puerta y Vd. se deja llevar en los asientos de cuero claro. Tiempo de relajarse.
El chofer arranca el motor y el coche acelera suavemente. El desorden de la ciudad queda atrás, mientras que Vd. mira a través de los vidrios tintados de la limusina para ver la ciudad.
Los ruidos de la ciudad suenan lejanos a través de las ventanas, en la limusina entona suave música de Beethoven y Mozart o de su música favorita.
Anochece y Usted enciende la luz de lectura para informarse con un periódico de actualidad. La parte trasera queda iluminada por una luz suave y tenue.
Toma un trago de agua y disfruta del tiempo hasta su próxima reunión. Se relaja, confía la conducción por completo a su chofer. Él sabe el camino en ésta ciudad para Usted desconocida. En el destino, le abre la puerta, y el ajetreo vuelve. Absorto en pensamientos ya anhela la calma y despreocupación de su próximo viaje en limusina.